"Siempre ocurre algo, aunque sea desesperación"

miércoles, 15 de junio de 2011

La Chica del General

Tuve varias suegras, el mito de la brujería no siempre se cumplió, creo que debido a una madre dominante y agresiva tengo un aspecto tierno que hace que las suegras tengan cierta compasión por mi desorden anarco-adolescente sobre la concepción del ser en el mundo o el hombre silla (¿disposición afectivo-metafísica?, disculpen la licencia heideggeriana) .
La cosa es que con Edda (mi suegra en ese entonces) teníamos una relación de guiños cómplices.
- Le cebo un amargo Edda?
- Para amarga esta la vida hijo, ponéle azúcar y tomo – Edda era así, cortante, cínica y divertida.
La charla que voy a contarles ocurrió una fría mañana de invierno en Carapachay, Zona Norte de Buenos Aires, plagada de Naranjos, Ciruelos y muy raramente en algunas calles, Gingko Bilobas.
Esa mañana Elisa, mi novia en ese entonces, había salido temprano a dar clases de plástica, así que cuando me levanté decidí preparar unos mates, como corresponde (cualquier argentino de bien se levanta y prepara mate, lo sé, lo sé, es mi religión) a las mañanas frías y pobres de ciertos conurbanos.
2003 fue un año en donde la beca universitaria me alcanzaba para poco, y la familia de mi novia, que era su madre, era pobre, así que aprendí a amasar pan, preparar galletitas de azúcar y harina al horno y comer muchas tartas de cebolla.
- Nahuel, ahora que no está Elisa, te quiero chusmear que sos el novio más agradable que tuvo; serás pobre, pero me das charla – (risas cómplices)
- Gracias Edda, le puedo hacer una pregunta?
- Como no hijo.
- Estoy haciendo un trabajo para una materia en la Facultad , y querría que me cuente su visión del peronismo…
(continuará)

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