"Siempre ocurre algo, aunque sea desesperación"

viernes, 10 de junio de 2011

Un Ranger en el Conurbano Bonaerense (continuación)

- Mire amigo, la historia que le voy a contar es la historia de una parte de mi vida, y seguramente en esta historia aparecerá un personaje que seguramente conoce, por leyendas, por historia, y por ideología, no sé de que ideología es usted…
- Poco importa mi ideología, mi ideología ya no tiene valor, en un futuro, seguramente incierto, algo de ella quedará, por lo demás, escucho y no censuro.
- Muy bien, entonces le contaré que cuando era muy pequeño cultivaba papas, teníamos una huerta familiar, vivíamos como indios, no había blancos cerca, éramos una tribu, hasta que a los 12 años vinieron unos tipos, y le dijeron a mis padres: nos lo llevamos. Yo los escuché, algo de español conocía, ya que iba a los mercados a llevar nuestra pequeña producción y tenía contacto con blancos.
- Muy interesante lo que estás contando. – realmente me interesaba lo que contaba, la vida en ese paraje, en donde llegan unos tipos a llevarse lo único que tiene valor, la vida.
- Estuve tres días arriba de un árbol, y no pensaba bajar, pero desfallecí y aparecí en un galpón gigante con un montón de niños, todos vestidos de verde.
- Era el éjercito?
- Si era el ejército, al levantarme con un terrible dolor de cabeza, me pongo de pie y lo primero que siento es dolor, un dolor insoportable, en el estómago.
- Escuche soldado, a partir de ahora, usted no es una persona, es un elemento, un Ranger, una nada. – Dijo un hombre blanco, rubio, alto y fortachón, de mirada fría, su español era bueno pero enseguida podías darte cuenta que era gringo.
- Como piensa conseguir comida soldado? – me preguntó.
- No lo se – contesté.
- Recibí una patada en los testículos, y me desmayé.
Al levantarme, uno de los otros niños se me acercó y me dijo
– si quieres comer, tienes que robar… cómo te llamas?
- Ruminsojo.
- Mejor diles que te llamas Franklin, a los americanos les gustan los nombre que ellos conocen.
- Bueno.
(continuará)

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