"Siempre ocurre algo, aunque sea desesperación"

martes, 27 de septiembre de 2011

Sweetopia

Allá por el 2002, después de muchos años (cuando me colaba en el tren a los 12 años con mis amigos tenía terror a ser descubierto por el chancho) decidí no pagar boleto después de la medianoche en Once. TBA no merecía que un pobre becado universitario deposite 75 cts. en sus arcas y yo necesitaba descargar mi ira contra TBA no pagándoles absolutamente nada a esas lacras que existen por negociados con el estado y no para prestar un servicio (no al estilo francés, estamos en Argentina) mínimamente confortable al laburante que después de 12 jodidas horas se toma ese tren al infierno que se complementa con algún colectivo destartalado para llegar a su casa a medio terminar y sin gas natural a alguna localidad perdida en ese misterio que se llama Conurbano Bonaerense. Siempre llevaba algún libro interesante (creo que en ese entonces estaba leyendo La Tourné de Dios) que leía sentado en el furgón… las lecturas duraban poco tiempo porque el furgón es pura literatura, arltiana claro. Esa noche un flaco bien vestido, afeitado y teñido se me puso a dar lecciones de moralina porque estaba hablando con un flaco que no paraba de darse saques con una merca más cortada que Scarface. El tipo hablaba y me decía que ese es el ejemplo que no hay que seguir, que los quemados esos terminaban asesinados por un dilerucho y bla bla bla. La cosa es que el tipo me muestra la chapa de policía y me dice que estaba por reventar a una banda de narcos de Ituzaingó, y se puso a llorar porque sabía que estaba puesto porque suponía que otros canas lo habían delatado como rata y me mostraba las fotos de su hija recién nacida. Y bueh le digo, es tu laburo, morirás con honor. El tipo se bajó en Liniers, no se bien por que. Llegando a Haedo se sienta al lado mío el Pibe de los Caramelos Cherry, un flaco que vendía muchísimos caramelos por vagón y que seguramente padecía alguna parálisis cerebral menor porque tenía dificultades para hablar y para caminar. Le pregunto como van las cosas y me dice que bien, que la recaudación andaba muy bien, pero que estaba cansado, hacía 5 años que pateaba el tren y que le faltaba bastante para terminar la casita que se estaba construyendo en Isidro Casanova. Cuando estaba por bajar, andaba gendarmería con el chancho pidiendo boleto. Que cagada le digo, no tengo la guita para pagar la multa así que me como una noche en la comisaría. Me dijo que lo siguiera y me dio una credencial de discapacitado. - Y vos como pasás? - No te preocupé. Le mostré la credencial al gendarme y pasé, cuando bajé las escaleras se la devolví y le agradecí al pibe de los Caramelos Cherry, hizo un gesto despreocupado y se fue.