"Siempre ocurre algo, aunque sea desesperación"

miércoles, 28 de abril de 2010

Violencia

Tuve la suerte de conocer un sistema alternativo al capitalismo, un poco bizarro: sex/drugs/rock & roll, o movimiento hippie, (tuvo su auge en la década del 60´, y todavía tiene adeptos, en los countries), no me quejo del hippismo, tuvo ideas trascendentes que hoy se retoman desde la perspectiva más de izquierda humanista como los verdes, dejó un mensaje de amor y paz, aunque se topó con el problemático hombre,(fin de cualquier sistema trascendente, o sea, somos finitos y chiquitos, aunque juguemos a ser Dios, somos más cercanos a los griegos y sus figuras míticas, lo que actualmente serían las figuras deportivas internacionales o los hitos de hollywood) y ahí se terminó el buen vivir.
Volviendo al hippismo y leyendo alguna entrevista trasnochada al japonés malo de Fukuyama, me encontré con que el hippsimo puede volver en décadas venideras como una especie de puerto libre del gran capital, zonas autónomas, pobladas por individuos o colectividades no conectadas, desfasadas de la velocidad de la luz enferma que describe Paul Virilio.
Para que tenga éxito ese "autonomismo" que describe el furioso conservador de Fukuyama deberíamos centrarnos en la producción, si si, la maldita producción, o sea el trabajo, lo que faltó en el anterior hippismo.
Debemos hacernos amigos de producir lo necesario, trabajar mucho políticamente y pensarnos como humanos tontos que somos, olvidarnos de discusiones bizarras sobre el gran cambio mundial, y trabajar más sobre el cambio a pequeña escala, darle bola a Murray Boochkin y a los pensadores serenos, como Voltaire, pensar en socialismo para millonarios de Bernard Shaw y sentirnos ricos porque podemos limitarnos, es decir, cambiar el mundo.

martes, 20 de abril de 2010

Desmond Morris, somos monos presos y conectados

Hace muchos tiempo, creo que tenía 13 años o un poco menos, descubrí en la biblioteca familiar un librito en portugués, O Macaco Nu; venía de leer un interesante thriller, Dragón Rojo, la novela que adaptada en una zaga hizo famoso a Hannibal Lecter, el humanísimo psiquiatra que se comía a sus víctimas.
O Macaco Nu me cambió la perspectiva que Dragón Rojo me dejó de la especie humana, me di cuenta de que en el fondo Lecter era un cagón, mataba por miedo, era un miedoso, un no animal.
Con el tiempo aprendí que los hombres más poderosos en el fondo tienen miedo, dejan de lado su impulso animal comunitario y entran en una fase de no empatía con la especie, algo que no se da en los bichos, los bichos no pueden ni quieren dejar de ser bichos, mi perrito, un dogo gigante y amoroso, por más sentimientos sapiens sapiens que le vuelque, quiere oler a otros perritos, porque le gusta entrar en comunión con sus pares, es feliz.
Cuando leo los chistes de los diarios en primera plana no puedo menos que espantarme de lo poco animales que son estos tipos, a veces llego a pensar que su trabajo consta en generar dobles vínculos, transformarse en madres paranoicas que nos dicen que hacer para después mirar el zoológico sucio en el que se solazan... nunca me gustaron los zoológicos ni los circos, pero si pensamos que por esta conexión binaria que nos atraviesa el cuerpo somos menos animales nos estamos equivocando, somos monos viejos y fumadores en un zoológico tenebroso y cruel, manejando navajas que van a 230 km por hora, llegando a ningún lado y respirando en una prisión de smog sin horizonte, sin visualización, sin vida.
Mi perrito huele a otros perritos y nosotros dejamos de olernos, de mirarnos y de gustarnos; ahora nos etiquetamos... y estamos cada día más malos.